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  • El suicidio, la respuesta más desesperada frente al sufrimiento

    En el mundo hay aproximadamente 800 mil suicidios por año. La Lic. Inés Maidana, especialista del Hospital Austral, explica qué es el acto suicida y cómo evaluarlo.

    Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), “el suicidio es un acto deliberadamente iniciado y llevado a cabo por un individuo con el conocimiento o la expectativa de que su resultado va a ser la muerte”. Un intento suicida, en cambio, puede tener o no a la muerte como el fin buscado; mientras que el riesgo suicida es la probabilidad que tiene una persona de intentar matarse.

    En el mundo hay 800 mil suicidios por año y corresponden al 1.6 % de todas las muertes. Se sabe que hay muchos más, pero no todos son registrados o algunos se computan como accidentes.

    La Licenciada Inés Maidana, integrante del servicio de Salud Mental del Hospital Universitario Austral, aseguró que “el acto suicida es la respuesta más desesperada frente a una situación de sufrimiento en el marco de la cual la persona no encuentra recursos para sortear la crisis circunstancial o vital que atraviesa en su propia estructura ni en su coyuntura”. Y agregó: “Por ende, el suicido es una respuesta de extrema patología, y a raíz de eso los profesionales de la salud mental nos vemos enfrentados al desafío más complejo: evaluar con exactitud las características del paciente, porque a mayor precisión diagnóstica, mayores serán las probabilidades de evitar las ideas suicidas o la concreción del acto”.

    Si bien ante los pacientes con potencial riesgo de quitarse la vida es difícil saber o detectar quién va a intentar un suicidio y quién no; o cuándo es inminente el acto suicida, hay criterios clínicos para evaluar que funcionan como una guía para la apreciación de las necesidades de tratamiento. Pero, hay que tener en cuenta que los factores que se evalúan en las escalas pueden variar con el tiempo y que por sí solos no indican la inminencia del suicidio.

    En muchos países el suicidio es una de las principales causas de muerte con entre 6 y 12 suicidios consumados por año cada 100 mil habitantes. Además, de cada 100 mil personas que viven en la Ciudad de Buenos Aires, 11 se suicidan cada año. Por otro lado, se considera que hay 23 intentos suicidas por cada suicidio consumado.

    “Es importante, por ejemplo, tener en cuenta la inminencia del acto suicida. Depende tanto de la intención clara de matarse como de querer morir en el mismo, de la falta de capacidad de dominio sobre sus propios impulsos y de no tener una red de contención. Así, es importante estar atento a los factores estresantes que rodean al paciente y que pueden desmejorar su estado clínico general (físico, somático, socioeconómico, etc.)”, sumó la licenciada Maidana.

    Es posible encontrar pacientes con riesgo suicida entre los que acaban de intentar matarse, entre los que consultan porque tienen ideas o impulsos de suicidarse, entre los que tienen conductas suicidas, o entre los pacientes que consultan por cualquier otra molestia. Y es fundamental estar atentos porque un mal diagnóstico aumenta el riesgo de muerte por suicidio.

    “Si detectamos en el paciente ideas o conductas suicidas, debemos evaluar si su posible riesgo de muerte es mayor al de la población general. También debemos valorar la intención suicida actual, así como observar sus controles internos y ambientales. Y, finalmente, si está en riesgo, instaurar las medidas de prevención y de tratamiento adecuadas”, agregó la Lic. Maidana.

    Fuente: https://bit.ly/2FXlGKH

  • «El duelo de una muerte por suicidio es mucho más difícil»

    La coordinadora del Observatorio del Suicidio de las Illes Balears destaca que el 80% de los que sobreviven dan las gracias al poco tiempo por no haber logrado quitarse la vida

    No hablar del suicidio aumenta el tabú. Hace que quienes se sienten lo suficientemente al borde del abismo como para pensar en hacerlo no se animen a hablar sobre ello y piden ayuda. Y también condena a los seres queridos de aquella persona que fallece por suicidio a un silencio a una «doble victimización». Así lo aseguró ayer la responsable del Observatorio del Suicidio de las Illes Balears, Nicole Haber, durante una jornada celebrada en el Hospital Can Misses destinada a profesionales de los medios de comunicación y a la que también asistió la jefa del servicio de Psiquiatría, Cristina Merino.

    «Hay dos muertes por suicidio por cada muerte de tráfico», apuntó Haber para dejar clara la magnitud que suponen estos fallecimientos, cuyo duelo, indicó, «es mucho más difícil» de afrontar que el de otro tipo de muertes. Esto, señaló, se debe a las preguntas que se hacen quienes quedan. El sentimiento de culpa. «Los ‘y si…’ y los ‘por qué’», apuntó la responsable del Observatorio, que indicó que se calcula que por cada fallecimiento por suicidio «hay seis personas sufriendo» en el entorno más cercano, aunque, en realidad, son muchas más si se tienen en cuenta amigos y compañeros de trabajo.

    Haber explicó que los hospitales de Inca y Son Llàtzer cuentan ya con un equipo específico para tratar sobre el suicidio y la idea es que, lo antes posible, dispongan de este grupo de profesionales todos los centros hospitalarios de las islas. En estos momentos, el Observatorio convoca reuniones cada dos meses con representantes de todos los hospitales.

    La psicóloga destacó la importancia de las asociaciones de familiares y amigos a la hora de ayudar a otras personas a superar que un ser querido se haya quitado la vida. También de los teléfonos de la esperanza: «Ya no los atienden, como antiguamente, voluntarios sino profesionales que saben cómo actuar». «En la mayoría de los casos se trata de una cuestión de tiempo», insistió la experta, que señaló que, muchas veces, la intención de acabar con su vida es algo «momentáneo». De hecho, indicó que la práctica totalidad de las personas que han sobrevivido a un intento de suicidio, se muestran contentas y agradecidas de no haberlo llevado a término. Eso sí, destacó que haberlo intentado en alguna ocasión es un factor de riesgo que, además, no se reduce con los años. «Puede hacer de ello 20 años, pero si ya lo intentaste podrías volver a hacerlo», señaló. «El 80 por ciento de ellas, al cabo poco tiempo se preguntan cómo pudieron llegar a pensar en quitarse la vida», continuó la experta.

    Haber explicó que un suicidio nunca tiene una única causa –«si fuera así estaríamos todos muertos»–, aunque afirmó que un hecho concreto puede ser «el detonante». Además, hizo hincapié en que detrás del 80% de suicidios hay un trastorno mental: depresión, esquizofrenia… Y muchas veces sin identificar. «Mucha gente no ve lo que le está pasando, aguanta, se prolonga durante meses, hasta que la mente hace crack», indicó.

    Fuente: https://bit.ly/2FXlGKH

  • Conductas parentales vinculadas al suicidio adolescente

    Una reciente investigación sobre las conductas parentelas y el suicidio en adolescentes, observó que el apoyo y compromiso emocional positivo de los padres con sus hijos es un factor clave para prevenir el suicidio.

    El estudio nacional del año 2012 patrocinado federalmente, muestra un vínculo significativo entre las conductas parentales y los pensamientos de suicidio entre adolescentes, de acuerdo con una presentación dada por dos profesores de la Universidad de Cincinnati en la conferencia de la Asociación Americana de Salud Pública, llevada a cabo este 2017.

    Los profesores Keith King y Rebecca Vidourek realizaron un análisis de datos de seguimiento de la Encuesta Nacional sobre Uso de Drogas y Salud del año 2012, la cual provee datos a nivel nacional (y estatal) sobre consumo de tabaco, alcohol, drogas ilegales (incluido el uso no médico de medicamentos con receta) y salud mental en los Estados Unidos.

    La encuesta incluía datos de 17.399 adolescentes de entre 12 y 17 años.

    Sus hallazgos mostraron que los niños de entre 12 y 17 años son significativamente más propensos a contemplar, planear e intentar suicidarse cuando sus padres no realizan ciertas conductas que les demuestren a los chicos que se preocupan por ellos. Sorprendentemente, los resultados mostraron que el grupo etario para el cual el impacto era más significativo, eran los niños de entre 12 y 13 años. Los niños de esas edades, cuyos padres no les decían que estaban orgullosos de ellos, eran casi cinco veces más propensos a tener pensamientos suicidas, alrededor de siete veces más propensos a formular un plan de suicidio y a hacer el intento, comparados con sus pares. De forma similar, los chicos de 12 y 13 años a los que los padres nunca les decían que habían hecho un buen trabajo o a los que nunca les habían ayudado con las tareas estaban a un riesgo excesivamente alto de suicidarse.

    Los autores creen que es de vital importancia que los chicos se sientan conectados positivamente con sus padres y familiares.

    Además resaltan que, aunque el riesgo de suicidio es menor en chicos más grandes (comparados con los de 12 y 13 años), sigue siendo alto si los papás no se involucran emocionalmente con sus hijos. Por ejemplo, los adolescentes de entre 16 y 17 años cuyos padres raramente o nunca les decían que estaban orgullosos de ellos, eran tres veces más propensos a tener pensamientos suicidas y casi cuatro veces más propensos a hacer un plan de suicidio e intentarlo.

    Aunque el hecho de que el riesgo sea más bajo en niños de 14 años para arriba sea esperanzador, probablemente se deba a que han encontrado otros mecanismos de afrontamiento para reemplazar la falta de compromiso parental. Sin embargo, dichos mecanismos muchas veces no son saludables, suelen involucrar el consumo de sustancias o conductas sexuales altamente riesgosas. Los autores señalan por último, que los resultados se mantienen a pesar del género o al raza.

    Igualmente es importante recordar el suicidio es un evento complejo y el hallazgo del estudio antes mencionado es solo uno de los factores involucrados. Otros estudios han encontrado que el tiempo que los adolescentes de entre 13 y 18 años pasan frente a la pantalla también está vinculado a las conductas suicidas, por ejemplo. Así mismo, se sabe que tener un padre que ha intentado suicidarse aumenta el riesgo también para sus hijos.

    Las investigaciones deben continuar para poder proveer mejores planes de prevención.

    Fuente: https://bit.ly/2DGGjZ3